El proyecto olvidado que pudo transformar La Isleta

Un anteproyecto de urbanización moderna para la zona de Las Palmas de Gran Canaria, centrado en salubridad e higiene, fue desestimado por el alcalde.

Boceto histórico de un plan de desarrollo urbano para La Isleta, Las Palmas, con trazados de calles y edificios sobre un paisaje volcánico.
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Boceto histórico de un plan de desarrollo urbano para La Isleta, Las Palmas, con trazados de calles y edificios sobre un paisaje volcánico.

Un ambicioso anteproyecto para modernizar La Isleta, en Las Palmas de Gran Canaria, enfocado en la salubridad y la higiene, fue presentado por Juan León y Castillo pero desestimado por el entonces alcalde, Fernando Delgado Morales.

El ingeniero Juan León y Castillo concibió un plan para el futuro desarrollo de La Isleta, priorizando avances modernos en salubridad e higiene. Este proyecto, que incluía trabajos de campo y nivelaciones detalladas, fue desarrollado con la colaboración de Julián Cirilo Moreno Ramos, quien relató la historia en sus memorias. El plan contemplaba una urbanización integral y un sistema de alcantarillado eficiente, aprovechando la topografía natural del terreno.
Tras completar el anteproyecto, León y Castillo lo presentó al alcalde Fernando Delgado Morales. Sin embargo, el proyecto recibió escaso interés y fue desestimado, lo que llevó al ingeniero a retirar su propuesta. La zona de La Isleta, que históricamente perteneció al Estado y fue cedida en concesión, tuvo varios propietarios a lo largo del siglo XIX, incluyendo a Dámaso de Hermosilla, Domingo J. Navarro y el general Pedro Bravo de Laguna y Joven, quienes intentaron cultivar y desarrollar los áridos terrenos con diversas fortunas.
La historia de La Isleta también estuvo marcada por la llegada masiva de obreros y sus familias, que generaron un crecimiento descontrolado y la aparición de chabolas. La falta de condiciones higiénicas propició epidemias que causaron numerosas muertes. La prensa y la alcaldía intentaron ocultar la gravedad de la situación, mientras que la falta de acuerdo entre las autoridades y los médicos Abreu y Ruano agravó la propagación de enfermedades.
Ante la crisis sanitaria, el médico Gabriel Ferret y Obrador recomendó la quema de las 1.200 chabolas existentes. El Ayuntamiento, forzado a actuar, implementó un plan de auto-construcción para los dueños de los terrenos, previo pago de 500 pesetas. Este plan resultó en una edificación intensiva de la zona, salvando únicamente los emblemáticos barquillos y un solar adquirido por los estibadores de carbón para la Casa del Pueblo.
El anteproyecto de Juan León y Castillo, de haberse materializado, podría haber alterado significativamente la fisonomía y el carácter de La Isleta. No obstante, su legado reside en el carácter distintivo que forjó entre sus habitantes, diferenciándolos del resto de los barrios de la ciudad.