Vecinos de pisos altos en varios edificios de Santa Cruz de Tenerife están experimentando una desesperante falta de agua, donde la presión actual no es suficiente para cubrir las necesidades básicas como ducharse, usar la lavadora o cocinar. Mientras las viviendas más cercanas a la calle mantienen el suministro, los áticos y pisos superiores se ven afectados.
Alberto Delgado, director comercial de Hidrogest Archipiélago, explica que esta situación es el resultado de años de "sobrepresión del agua" que llevó a muchas comunidades a eliminar sus antiguos aljibes y equipos de presión al conectarse directamente a la red. "En ningún caso se ha dejado sin suministro", asegura Delgado, diferenciando la obligación de la compañía de llevar agua hasta la acometida del edificio de la responsabilidad de cada comunidad para distribuirla hasta las viviendas más altas.
El problema surge cuando la presión de entrada disminuye y los edificios carecen de instalaciones propias para compensarla. Delgado señala que presiones de cinco a seis kilos, elevadas para una red urbana (una vivienda unifamiliar funciona con 2,5-3 kilos), permitieron durante años prescindir de sistemas de bombeo y depósitos. Al bajar la presión, estas soluciones sencillas han dejado de ser efectivas.
Las comunidades que han mantenido sus equipos de impulsión, salas de máquinas y depósitos en condiciones adecuadas han sufrido menos problemas. Sin embargo, en los inmuebles que eliminaron sus sistemas de reserva, la solución pasa por estudiar alternativas técnicas y económicas. Una opción asequible puede ser instalar una bomba con variador de velocidad después del contador, aunque requiere revisar la instalación, el espacio y la potencia eléctrica disponible.
Otra alternativa es instalar un aljibe en la parte baja del inmueble junto a un equipo de bombeo más potente. Recuperar antiguos depósitos en azoteas es más complejo, requiriendo verificar la estructura y cumplir controles sanitarios. Las facturas pueden variar entre 3.000 y 25.000 euros, dependiendo de las especificidades de cada edificio, desde pequeños apartamentos hasta inmuebles grandes con instalaciones comunitarias.
Un obstáculo adicional es la falta de fondos en algunas comunidades para afrontar incluso el estudio previo y el proyecto técnico, necesarios para solicitar ayudas públicas. Mientras se buscan soluciones viables, algunos vecinos de las plantas altas se ven obligados a recurrir a garrafas de agua, viviendo una situación precaria y traumática.




