En un lapso de tiempo sorprendentemente corto, el restaurante Moral, situado en Santa Cruz de Tenerife, ha pasado de una discreta inauguración a ser un nombre recurrente en las conversaciones de los amantes de la gastronomía canaria. Este proyecto, liderado por la pareja Icíar Pérez y Juan Carlos Pérez, ha logrado en un tiempo récord la obtención de un BIB Gourmand de la Guía Michelin y un Sol de la Guía Repsol. Estos reconocimientos avalan una propuesta culinaria que combina sabor, técnica y una profunda carga emocional, ofreciendo tanto platos clásicos que se han vuelto imprescindibles como nuevas creaciones audaces, todo ello en un ambiente que evoca la calidez del hogar.
Moral es uno de esos establecimientos que, tras la primera visita, parecen haber formado parte de la rutina habitual. En poco más de un mes desde su apertura en Santa Cruz de Tenerife, ha evolucionado de ser una novedad a convertirse en un refugio gastronómico y emocional, un lugar que se recomienda con el mismo afecto que se compartiría la casa de un buen amigo.
Si bien las guías gastronómicas han reconocido rápidamente su valía, los distintivos son casi una anécdota frente a la verdadera esencia del lugar: las ganas de regresar que experimenta cada comensal tras su visita.
En la cocina, Icíar y Juan Carlos dirigen el proyecto con una serenidad notable para un espacio tan joven. La sensación no es de estar en rodaje, sino de un hogar que lleva años perfeccionando su manera de ofrecer comida: platos sabrosos, reconfortantes, diseñados para agradar y, al mismo tiempo, dejar una impresión duradera.
Platos como el ajo blanco, los garbanzos con foie, la berenjena glaseada con anguila y champiñón, o las cigalas con mojo hervido, se han consolidado como los favoritos de muchos clientes, quienes los repiten como un ritual personal cada vez que visitan el restaurante. Son esos 'clásicos' que generan una profunda emoción.
Lo más asombroso es que, sobre esta base de platos ya queridos, el restaurante sigue innovando sin perder su esencia. Surgen nuevas propuestas que elevan el nivel culinario de forma excepcional, manteniendo siempre un lenguaje emocional coherente. Ejemplos de ello son el puerro confitado con sabayón de miso y panceta ibérica, que reconforta desde el primer bocado, o la cebolla asada con brandada de bacalao, que evoca recuerdos de hogar y conversaciones.
Las codornices de Higinio son descritas como sublimes, precisas y deliciosas. Asimismo, un rodaballo con lima y alcaparras fritas condensa la esencia del mar, la frescura y un toque de picardía en boca. La cocina de Moral es accesible pero memorable.
La oferta dulce culmina la experiencia gastronómica. La versión del bienmesabe no solo rinde homenaje a la receta canaria, sino que es una caricia directa a la memoria gustativa de los isleños, presentando un sabor familiar refinado, más limpio y luminoso. El postre de violeta aporta delicadeza y perfume sin ser empalagoso, mientras que el flan de huevo se posiciona como uno de los mejores de Canarias por su textura perfecta, sabor nítido y potencia.
En sala, el equipo complementa la propuesta culinaria, moviéndose al ritmo de la cocina y del comensal. Logran una mezcla de profesionalidad y cercanía que hace que los clientes se sientan invitados. El trato, la presentación de los platos y los tiempos entre servicios contribuyen a esa sensación de 'estar en casa'. Un buen café al final pone el broche perfecto, prometiendo futuras visitas.
El autor, seguidor de la Unión Deportiva Las Palmas, señala que Moral, con Juan Carlos Pérez (vinculado al CD Tenerife) y Icíar en la cocina, representa un punto de encuentro ideal. El texto concluye deseando prosperidad a ambos equipos y destacando el sabor y la cocina de Moral como un lugar al que siempre apetece regresar.




