La pobreza afecta al 40% de la infancia canaria con graves consecuencias

Un informe presentado en el Parlamento de Canarias destaca el impacto de la pobreza infantil en el desarrollo educativo, la salud y la integración social de los menores.

Imagen genérica de siluetas de niños jugando en un parque al atardecer, simbolizando la infancia vulnerable.
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Imagen genérica de siluetas de niños jugando en un parque al atardecer, simbolizando la infancia vulnerable.

La pobreza infantil en Canarias afecta a cuatro de cada diez menores, impactando negativamente en su desarrollo educativo, salud y bienestar social, según expuso la investigadora Míriam Álvarez en el Parlamento de Canarias.

La doctora en Psicología y profesora de la Universidad de La Laguna, Míriam Álvarez Lorenzo, presentó este martes un análisis exhaustivo ante la comisión parlamentaria regional, revelando que el 40% de los niños, niñas y adolescentes en el archipiélago se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social. Esta situación, respaldada por evidencia científica, repercute en múltiples aspectos del bienestar infantil, incluyendo peores resultados académicos, abandono escolar y dificultades en el desarrollo cognitivo y emocional.
Álvarez subrayó que la pobreza va más allá de las carencias materiales, influyendo en la autopercepción de los menores y en su capacidad para gestionar emociones, lo que a menudo conduce a mayores niveles de exclusión social y estigmatización. Identificó tres factores clave que explican estos efectos: la falta de recursos, el estrés familiar y la inestabilidad. Las familias con recursos limitados suelen enfrentar estrés económico y laboral, dificultando una crianza positiva. La inestabilidad en vivienda, empleo y rutinas también afecta significativamente el desarrollo emocional y cognitivo de los niños.

"Es muy difícil tener que compaginar varios empleos precarios y, además, ejercer la parentalidad positiva."

Míriam Álvarez Lorenzo · Doctora en Psicología y profesora de la Universidad de La Laguna
La experta también destacó cómo la pobreza limita las oportunidades de aprendizaje, con un mayor riesgo de abandono educativo y menor acceso a actividades formativas complementarias para los menores de familias con bajos ingresos. Mientras que en familias acomodadas los niños estudian idiomas, en las menos favorecidas las actividades extraescolares se limitan a clases de refuerzo. Los estudios sobre desigualdad educativa en Canarias muestran una baja movilidad social, lo que sugiere que la pobreza se hereda.
Las desigualdades se extienden al ocio y la cultura. En Canarias, el 47% de los niños y adolescentes no puede irse de vacaciones con su familia una semana al año, y un 11,5% (aproximadamente 30.000 menores) carece de acceso a actividades de ocio o equipamiento para el tiempo libre, como bicicletas o patines, y no puede participar en eventos escolares o sociales. Además, la pobreza impacta en la salud, con menores vulnerables que presentan peor salud general, mayor sedentarismo y un 11% de familias que no pueden permitirse una comida de carne, pollo o pescado a la semana.

"Cuanto más tiempo permanezcan los niños en situación de pobreza, más crónicas serán esas consecuencias, más difíciles serán de cambiar y mayor inversión económica será necesaria para modificar esos resultados. La prevención resulta un elemento fundamental en la pobreza infantil."

Míriam Álvarez Lorenzo · Doctora en Psicología y miembro del Centro de Estudios de Desigualdad Social y Gobernanza de la Universidad de La Laguna
Álvarez enfatizó la necesidad de identificar las necesidades de apoyo de las familias y los menores desde edades tempranas para mitigar el impacto de las carencias materiales. También instó a eliminar las barreras que impiden a las familias acceder a ayudas económicas, incluso cuando cumplen los requisitos, y demandó más actividades lúdicas positivas y mayor estabilidad en los recursos disponibles, como los comedores escolares durante las vacaciones. Por su parte, Miguel Ángel Rojas, director de la Fundación Don Bosco, abogó por una mayor coordinación entre los recursos existentes para ofrecer una atención adecuada a las diversas necesidades.