Alpinista canario narra su 'infierno' en el Everest sin oxígeno

Un deportista de élite relata su lucha contra avalanchas, temperaturas extremas y un huracán en su intento de conquistar la cima.

Imagen genérica de un pico de montaña extremo y azotado por el viento en condiciones climáticas adversas.
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Imagen genérica de un pico de montaña extremo y azotado por el viento en condiciones climáticas adversas.

Un alpinista canario ha relatado su extrema experiencia en el Everest, superando condiciones climáticas adversas y enfrentándose a decisiones difíciles.

El alpinista canario, cuya identidad se mantiene en reserva, ha compartido su lucha en el Everest, describiendo la expedición como una experiencia que osciló entre lo "mágico" y un auténtico "infierno". Durante su ascenso, se enfrentó a un temporal extremo, incluyendo avalanchas y temperaturas de hasta -50 grados Celsius, además de un huracán que le impidió alcanzar la cumbre.
Según su testimonio, la montaña se mostró "muy brava, desconocida", con un nivel de avalanchas y viento no visto en 15 años, según expertos. "Realmente se convirtió en un infierno por el clima", afirmó, destacando la dificultad del ascenso.

"Me cogió de completamente de frente, no había manera de esquivarla."

El alpinista
El deportista relató haber sufrido tres avalanchas, una de las cuales sepultó a dos personas de otra expedición en cuyo rescate participó. La tercera le sorprendió directamente mientras descendía al campo base 2, un incidente que, según su relato, provocó la muerte de tres personas de otra expedición, calificándolo como un momento "muy dramático y muy duro".
En un acto de autosuperación, el alpinista decidió separarse temporalmente de la expedición para explorar sus propios límites. Se mantuvo aislado durante cinco días en una tienda, ascendiendo en solitario hasta la denominada "zona de la muerte", superando los 7.200 metros, y soportando temperaturas de hasta -50 grados Celsius.
Durante su aislamiento, se grabó para monitorizar su estado cognitivo, asegurando que se sentía "perfectamente" y con capacidad de pensar con claridad, a pesar de que su saturación de oxígeno en sangre descendió a un peligroso 32% sin experimentar alucinaciones.

"Me dicen: 'no puedes subir'. Digo, ¿cómo que no puedo subir? Si estoy perfecto."

El alpinista
A pesar de alcanzar los 8.050 metros y sentirse en condiciones óptimas, la expedición le prohibió continuar hacia la cima. La negativa, justificada por el riesgo, generó un fuerte enfrentamiento. La intervención de la "policía de montaña" finalmente le obligó a descender.
Esta decisión le dejó un "sabor muy agridulce", especialmente al denunciar lo que considera una injusticia: mientras a él se le impedía el ascenso, una persona con "un poder adquisitivo muy, muy grande" fue subida "a rastras porque lo pagó". Ante esta situación, ha decidido que su próximo intento será de forma independiente, siguiendo su propia estrategia.
A pesar de no haber coronado la cima, el alpinista se muestra satisfecho por haber alcanzado su objetivo principal de "experimentar mis límites, mis capacidades". Su próximo reto será ascender al monte Elbrús, el pico más alto de Europa, en julio, para esparcir las cenizas de su padre en un homenaje póstumo.