Lo que antes era un paso ineludible hacia la independencia, el carnet de conducir se ha transformado para la juventud española en un trámite que se pospone cada vez más. Según Javier Mateos, profesor de la Autoescuela Trébol, en una entrevista para 'Herrera en COPE Gran Canaria', la edad promedio para conseguir el permiso B ha pasado de los 18 a los 24 o 25 años. Esta evolución se debe a una combinación de elementos económicos, sociales y tecnológicos que están redefiniendo la forma de moverse en las ciudades.
Uno de los principales motivos de este cambio es la aparición de la "micromovilidad". El auge de los patinetes eléctricos y otros vehículos de movilidad personal, junto con un transporte público más eficiente y, en el caso de Canarias, gratuito, ofrece a los jóvenes opciones atractivas para desplazarse sin necesidad de un coche. Mateos señala que "el servicio público ofrece una serie de beneficios que muchos jóvenes, la verdad, lo ven atractivo y lo van retrasando".
A esto se suma un contexto económico desafiante. La precariedad laboral, los altos precios del alquiler y el aumento general del coste de vida hacen que la obtención del carnet y la posterior compra de un vehículo se perciban como un "gasto que no quieren hacerse tan pronto". Los jóvenes prefieren esperar a tener una mayor estabilidad económica para afrontar estos costes. El modelo de financiación también ha cambiado: "Antiguamente los costes de los permisos de conducir los asumían prácticamente los padres", explica el profesor, mientras que hoy muchos dependen de su propio trabajo o becas.
El coche ha dejado de ser una prioridad y un símbolo de independencia, especialmente en grandes ciudades donde circular y aparcar es cada vez más complicado. Esta situación lleva a muchos a optar primero por permisos más accesibles y prácticos para el entorno urbano, como el de ciclomotor (AM) a los 15 años o el de motocicleta de 125cc (A1) a los 16.
“"La previsión del modelo de alumno que se acerca a la autoescuela no es halagüeña."
Otro factor disuasorio clave es la creciente dificultad del examen de conducir. Javier Mateos afirma que hoy es "mucho más" complicado aprobar que hace unas décadas. La Dirección General de Tráfico (DGT) ha ampliado significativamente el banco de preguntas para la prueba teórica, haciéndola menos predecible. "Es imposible saberse cada una de las preguntas que van a salir", asegura.
Además, el contenido se ha actualizado para incluir conocimientos sobre tecnologías que antes no existían. Las preguntas sobre los sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS) son ahora muy frecuentes, requiriendo que los aspirantes estén familiarizados con conceptos como el asistente de mantenimiento de carril (LKA) y otras ayudas tecnológicas de los vehículos modernos. Esto ha provocado que, en palabras de Mateos, "haya subido un poco más el nivel de conocimiento" exigido.
Paradójicamente, los jóvenes actuales disponen de más herramientas que nunca para prepararse, con plataformas online y aplicaciones móviles que permiten realizar tests y ver clases en cualquier momento. Sin embargo, esta independencia no siempre se traduce en una mejor preparación. Aunque la flexibilidad es una ventaja, Mateos defiende el valor de la formación presencial: "Cuando estás frente a un profesor, cualquier cosa que tú no entiendas en el minuto cero, lo puedes preguntar".
De cara al futuro, la previsión no es optimista para un cambio de rumbo. Mateos cree que la tendencia se mantendrá y que la edad media podría seguir subiendo hasta los 26 o 27 años, impulsada también por factores como la inestabilidad en los precios de los carburantes, que afecta directamente a los costes de las autoescuelas.




