El comandante del vuelo, con casi tres décadas de experiencia, relató que el pontífice mostró gran interés por el funcionamiento de la aeronave durante los últimos veinte minutos de trayecto. Desde la cabina, el santo padre pudo observar Lanzarote y el Teide bajo unas condiciones meteorológicas favorables.
La sobrecargo responsable del vuelo subrayó la humildad del papa, quien entregó obsequios a los miembros de la tripulación y mantuvo un trato cercano. Durante el viaje, que transcurrió sin incidencias a 35.000 pies de altura, se sirvió un desayuno que incluyó tortilla francesa, tomates cherry y yogur con muesli.
El avión, un Airbus A320, contó con detalles especiales para la ocasión, como la colocación de una imagen de la Virgen de La Candelaria frente al asiento del pontífice. Además, durante las maniobras de embarque y desembarque, se reprodujo música de la Escolanía del Escorial.




