Con una extensión de aproximadamente 90 kilómetros cuadrados, esta localidad alberga algunos de los rincones más sorprendentes y fotografiados de la isla. Su nombre, que evoca siglos de tradición vinícola, es un testimonio de su pasado económico, aunque hoy su identidad trasciende la producción de vino, ofreciendo una inmersión profunda en la esencia de Canarias.
El símbolo más emblemático de Icod de los Vinos es, sin duda, el Drago Milenario. Este ejemplar único de Dracaena draco, al que se le atribuyen más de mil años de antigüedad, es considerado uno de los seres vivos más longevos del planeta. Declarado Monumento Nacional, su majestuoso tamaño y su característica forma de paraguas, junto con su savia rojiza conocida como “sangre de drago” —objeto de leyendas y valorada por sus propiedades curativas—, lo convierten en una figura casi mítica. La imagen del Drago con el Teide de fondo, visible desde la plaza de la iglesia de San Marcos (Parque Andrés de Lorenzo Cáceres), es una de las postales más icónicas del archipiélago.
Más allá de su historia visible, la geografía de Icod es un espectáculo geológico. En su subsuelo se esconde la Cueva del Viento, uno de los tubos volcánicos más extensos del mundo, formado por antiguas coladas de lava de las primeras erupciones del Teide. En la superficie, su costa abrupta ofrece contrastes únicos, desde la recogida playa de San Marcos hasta zonas litorales prácticamente salvajes que desafían al Atlántico.
Desde diversos puntos del casco urbano, el Teide se muestra con una perspectiva diferente, enmarcado por viñedos y construcciones históricas, ofreciendo una de las vistas más fotografiadas del norte de la isla, donde la imponente presencia del volcán contrasta con la arquitectura colonial.
La historia de Icod de los Vinos se remonta a la conquista de Tenerife en 1496. Los primeros pobladores impulsaron el cultivo de la caña de azúcar y, posteriormente, de la vid. Durante los siglos XVI y XVII, los vinos de malvasía de Icod eran altamente valorados en las cortes europeas. Sin embargo, los cambios en las rutas comerciales con América provocaron una crisis que llevó a muchos a emigrar. Curiosamente, la historia de Icod también es la del retorno, con muchos emigrantes, conocidos como “indianos”, financiando la construcción de las espectaculares casas señoriales que hoy adornan el municipio.
El casco histórico de Icod, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), invita a un recorrido pausado por sus calles empinadas, plazas con encanto y edificios de los siglos XVI al XVIII. Destacan la iglesia de San Marcos, la plaza de la Constitución (o del Pilar) y el antiguo convento de San Francisco, que hoy alberga la biblioteca municipal.
Un episodio dramático en su historia fue el incendio del 2 de mayo de 1798, que arrasó más de 20 edificios principales en el centro de la ciudad. A pesar de este suceso, Icod sigue profundamente ligado al campo, con sus viñedos recordando el glorioso pasado vitivinícola que le dio nombre y que continúa definiendo su identidad.




