Los trabajos de rehabilitación de la Iglesia de Santa Lucía progresan según lo previsto, habiendo concluido una de las etapas más desafiantes: la consolidación del subsuelo y el refuerzo integral de la cimentación del templo. Esta intervención era crucial debido al riesgo estructural que presentaba el edificio por el hundimiento del terreno.
La fase de cimentación, que incluyó la instalación de decenas de micropilotes de hasta 14 metros de profundidad y la ejecución de encepados para asegurar la estructura original, se completó entre finales de enero y principios de febrero. Este proceso ha permitido estabilizar el conjunto histórico de la iglesia.
Paralelamente, se ha construido un nuevo semisótano que no solo amplía las dependencias parroquiales, sino que también cumple una función estructural vital como elemento de contención y refuerzo del inmueble. Tras esta etapa, la atención se ha centrado en la edificación del anexo, cuya estructura ya está terminada, alcanzando su volumen definitivo.
“"Es una fase en la que el avance no se aprecia tanto porque gran parte del trabajo queda oculto dentro de paredes y suelos."
Actualmente, la obra entra en una fase menos visible desde el exterior, enfocada en trabajos internos como albañilería, tabiquería, e instalaciones eléctricas, hidráulicas y de telecomunicaciones. A pesar de la complejidad y algunos retrasos puntuales por la Semana Santa y el mal tiempo, los trabajos continúan sin incidencias.
La rehabilitación, que comenzó en octubre de 2025 con una inversión cercana al millón de euros, está financiada por la Diócesis de Canarias, el Ayuntamiento de Santa Lucía de Tirajana y el Cabildo de Gran Canaria. El proyecto surgió para abordar el deterioro estructural del edificio, que arrastraba problemas desde hace décadas. El nuevo edificio de tres plantas reemplazará los antiguos salones parroquiales, ofreciendo espacios para almacén, Cáritas, catequesis y uso comunitario.




