Crítica a la "bendición" papal: entre la fe y la irracionalidad

Un análisis reflexivo sobre la visita de Robert Francis, cuestionando la devoción y la cobertura mediática.

Imagen genérica de una multitud con móviles en un evento masivo al atardecer.
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Imagen genérica de una multitud con móviles en un evento masivo al atardecer.

El autor reflexiona sobre la visita de Robert Francis, comparando la devoción actual con ritos del pasado y criticando la cobertura mediática y la instrumentalización de la fe.

El texto inicia con una evocación personal de la infancia en el campo y la progresiva desafección religiosa en la sociedad durante los años 70, marcada por la urbanización y la secularización. Se recuerda una anécdota familiar sobre la ausencia de peticiones de bendición, contrastando con la actual "incredulidad" ante las "colas interminables" para obtenerla, comparando la escena con la Edad Media.
Se critica la "atmósfera asfixiante" creada por el "aparato de agitación y propaganda religioso y laico" para normalizar la figura de Robert Francis como "el enviado", sugiriendo que muchos "se lo comieron" debido a la construcción de un clima propicio por parte de los medios de comunicación. Se menciona la necesidad de la gente de "agarrarse a una tacha hirviendo" en un contexto de "miedos e incertidumbres" generado por el "ultracapitalismo inhumano".
El autor narra la incredulidad ante la avería del avión, interpretada por algunos como un "castigo divino" o "maldición del diablo", y la explicación oficial de "suave viento de cola". Se relata cómo las redacciones discutieron el uso de conceptos como "su santidad" o "el enviado de dios" para activar un "marco mental religioso", buscando en su currículum algo "susceptible de interpretarse sobrenatural".
Finalmente, se describe el "milagro" como la expresión de "gentes progresistas" que alaban a Robert Francis por hablar de "solidaridad y justicia", mientras se ocultan "ataques a derechos de las mujeres" y la omisión de "sanciones a los pederastas". Se critica la "separación de poderes" y la "irracionalidad" de quienes buscan la "bendición papal".
Se denuncia la "cruzada católica" con una movilización masiva de recursos estatales y eclesiásticos, incluyendo "dos millones de euros de propina a la diócesis", y la suspensión de actividades públicas. Se concluye que, a diferencia de antes, ahora se dan "dos millones de euros al delegado de dios" para "repartir hostias", y que la "cruzada ha remontado su descrédito".