Europa sufre el calentamiento global: España, en el epicentro

Un informe de The Lancet alerta sobre el aumento de muertes, enfermedades y pérdidas económicas por el cambio climático en el continente.

Imagen que representa los efectos del cambio climático en Europa, con sequía e inundaciones.
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Imagen que representa los efectos del cambio climático en Europa, con sequía e inundaciones.

Europa se enfrenta a una crisis sanitaria y económica sin precedentes debido al calentamiento global, con España y las Islas Canarias en el epicentro de sus devastadores efectos, según un informe científico.

El planeta está experimentando un aumento alarmante de las temperaturas, y Europa está pagando un alto precio en vidas humanas. Un exhaustivo informe de The Lancet Countdown, elaborado por 65 científicos, sitúa a España en el epicentro continental del calentamiento global, advirtiendo que el margen para tomar medidas significativas se reduce drásticamente.
El verano de 2024 fue el más caluroso registrado en Europa, desencadenando una crisis sanitaria que causó la muerte de 62.775 personas. Las proyecciones más conservadoras sugieren que esta cifra podría duplicarse para 2050, superando los beneficios de la reducción de muertes por frío. Las poblaciones más vulnerables, como bebés y mayores de 65 años, sufrieron en 2024 el equivalente a 2.300 millones de días bajo temperaturas extremas, una cifra que ha más que duplicado los registros de la década de 1990.
El calor extremo no solo es letal directamente, sino que también imposibilita la actividad física, esencial para prevenir enfermedades crónicas. En 2024, los europeos experimentaron un récord de 182 horas anuales de riesgo moderado o alto de enfermedad por calor durante actividades básicas como caminar. En Europa occidental, las horas de riesgo durante actividad física moderada han aumentado un 78% respecto a los años noventa.
Los sistemas de alerta temprana emiten cada vez más avisos de nivel extremo. Entre 2015 y 2024, los días de alerta extrema aumentaron un 316% en el sur de Europa, un 450% en el oeste, un 198% en el este y un 238% en el norte, evidenciando una emergencia climática generalizada.
España se encuentra en una situación particularmente crítica. Las Islas Canarias figuran entre las regiones europeas con mayor disminución de horas de trabajo debido al calor, junto con Chipre y la región de Ática en Grecia. El impacto económico es considerable: en el sur de Europa, el crecimiento del PIB per cápita fue un 0,99% menor en 2021 por anomalías de temperatura positivas, casi diez veces más que en 2001.
El informe destaca que España es el foco del 11% de los estudios científicos europeos sobre clima y salud, liderados por instituciones como ISGlobal y la Universitat Pompeu Fabra. Además, la concentración de polen de olivo aumenta en áreas del sur de España, adelantando las temporadas de alergia, y la temporada de actividad de las garrapatas Hyalomma, vectoras de enfermedades, se alarga un 119% en el sur de Europa.
Enfermedades antes consideradas ajenas a Europa están reapareciendo. El virus del Nilo Occidental registró 1.112 casos en Europa en 2025, y el riesgo de leishmaniasis visceral y dengue sigue creciendo. La idoneidad climática para la malaria ha aumentado un 266% en el sur de Europa, a pesar de estar erradicada hace décadas.
La sequía es otro problema grave, afectando al 65% de las regiones europeas en la última década. La península ibérica es una de las zonas más damnificadas, con un vínculo directo entre olas de calor, sequía e inseguridad alimentaria. En 2023, un millón más de europeos experimentaron insatisfacción alimentaria moderada o grave como consecuencia climática.
A pesar de los avances en energías limpias, que superaron en un 461% al gasto en combustibles fósiles en 2024, la transición es insuficiente. El transporte sigue dominado por combustibles fósiles y los gobiernos europeos destinaron 365.000 millones de euros en subvenciones a estos en 2023. La financiación climática destinada a la adaptación del sector sanitario es mínima (0,07%), a pesar de ser crucial.
El hallazgo más inquietante es la disminución del compromiso político y social con la conexión entre clima y salud. En el Parlamento Europeo, solo 21 de 4.477 discursos en 2024 mencionaron esta intersección. El público tampoco conecta ambas crisis, a pesar de que la salud es la principal preocupación ciudadana.
La litigación climática emerge como un espacio donde la conexión salud-clima avanza, con menciones crecientes a la salud mental como argumento jurídico, especialmente en casos protagonizados por jóvenes.