La escena, reportada el sábado 18 de abril, muestra a dos personas dentro del área vallada de la Charca de Maspalomas, una zona de acceso restringido, presuntamente para realizar fotografías. Este incidente no es un hecho aislado, sino que se suma a una serie de comportamientos que ponen en riesgo uno de los ecosistemas más delicados del sur de Gran Canaria.
Hay imágenes que explican por sí solas un problema que en Canarias ya no puede despacharse como una simple anécdota.
A pesar de la clara señalización, las campañas de concienciación y el reconocido valor ambiental del lugar, algunos visitantes continúan ignorando las normativas, tratando el paisaje como un mero telón de fondo para sus álbumes personales. Esta actitud provoca una mezcla de frustración, impotencia y cansancio entre los residentes y visitantes que sí respetan el entorno.
Este suceso se conecta con otro similar ocurrido el 9 de abril en las Dunas de Maspalomas, donde también se observaron personas caminando por zonas prohibidas en busca de la
imagen perfecta.
La repetición de estos episodios subraya un problema fundamental: la falta de comprensión por parte de algunos de que están ingresando en un espacio natural protegido, no en un parque temático sin reglas.
La Reserva Natural Especial de las Dunas de Maspalomas, que abarca unas 400 hectáreas, es un ecosistema único en el archipiélago canario. Integra un sistema dunar, un palmeral y una laguna salobre como la Charca, hábitats de inmenso valor ecológico reconocidos por la legislación autonómica y los planes de conservación específicos.




