Homenaje a una figura clave del folclore en el sur de Gran Canaria

Una artista local, conocida por su voz y pasión por el canto canario, ha sido un pilar de la tradición musical durante décadas.

Imagen genérica de un escenario con instrumentos musicales canarios, evocando una actuación folclórica.
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Imagen genérica de un escenario con instrumentos musicales canarios, evocando una actuación folclórica.

Una destacada figura del folclore del sur de Gran Canaria, conocida por su carisma y su voz, ha dedicado su vida a preservar y difundir la música tradicional canaria entre residentes y visitantes.

La artista, cariñosamente conocida en Maspalomas, ha sido un referente en la cultura local, definiendo cada etapa de su vida con felicidad y una inquebrantable pasión por el canto canario. A sus 79 años, con una gran familia, mantiene viva la llama de su vocación, que se forjó desde la infancia en reuniones vecinales llenas de música y alegría.
Su juventud estuvo marcada por el trabajo en la zafra tomatera en La Gloria, donde su voz amenizaba las jornadas. Fue en este entorno donde también conoció a su esposo, un periodo que describe como los mejores años de su vida. Posteriormente, su labor en los colegios de San Fernando, con la empresa de servicios Perfaler Canarias, le granjeó el cariño de la comunidad infantil.
La artista fundó su propia rondalla, Los Costeros, junto a sus hermanos, con quienes actuó durante décadas sin contrato ni caché, recibiendo propinas en lugares emblemáticos como el restaurante La Rotonda y el hotel Oasis de Maspalomas, así como en complejos turísticos de Playa del Inglés y Mogán. A pesar de un revés de salud que casi le hace perder la voz, y tras someterse a varias intervenciones quirúrgicas, recuperó su capacidad vocal, bromeando que cada operación afinó su voz medio tono.

Su voz inconfundible acompañó durante décadas a miles de turistas que, entre comida y comida, descubrían en ella una ventana a la tradición canaria.

Ataviada con vestimenta tradicional, a menudo diseñada por ella misma, la artista es reconocida por su gracia y talento en la interpretación de géneros como isas, folías, malagueñas, décimas y pasodobles, con guiños frecuentes a las rancheras mexicanas. Durante más de dos décadas, actuó regularmente en la Presa de Chira, donde recibía a los visitantes con gofio, papas y mojo.
En San Fernando de Maspalomas, su participación en fiestas y encuentros folclóricos ha sido constante. Ha sido invitada a actuar en Segovia, y ha viajado a Finlandia, Berlín (para la Feria de Turismo ITB), Bélgica e Italia, acompañando a agrupaciones folclóricas. Actualmente, mantiene compromisos semanales en un popular restaurante de San Agustín y en el centro comercial de la zona, donde comparte su pasión por el folclore canario con un grupo de amigos.
A pesar de su extensa trayectoria, la artista lamenta no haber grabado un disco que inmortalice su legado, aunque su presencia y su voz siguen siendo una parte vital de la cultura de Gran Canaria.