La visita del papa León XIV a Tenerife culminó con una misa multitudinaria en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, un evento que, más allá de las imágenes oficiales, estuvo marcado por innumerables historias personales. Desde primera hora de la mañana, miles de asistentes, muchos procedentes de distintos puntos de la isla y de otras islas como El Hierro y La Gomera, se congregaron para presenciar el acto central del viaje papal.
Un grupo de más de 200 personas de El Hierro, que viajaron con la pancarta “El Hierro Alza la mirada”, expresaron su mensaje de acogida a los migrantes, valorando positivamente las palabras del pontífice sobre inmigración. María Teresa Pérez, integrante de la delegación, destacó que la isla, a pesar de ser pequeña, tiene “mucho corazón” y necesita apoyo para continuar su labor humanitaria.
Los asistentes de La Gomera fueron de los más madrugadores, llegando desde las 04.00 de la mañana. María Méndez, entre lágrimas, describió el día como “lo máximo” y una experiencia “que solo se vive una vez en la vida”. La espera de más de cuatro horas se convirtió en un espacio de intercambio de experiencias entre desconocidos, unidos por el deseo de presenciar un acontecimiento considerado irrepetible.
Entre los cerca de 40.000 asistentes, según cifras del Vaticano, se encontraba Josué González, quien resaltó el lema de la visita, “Alzad la mirada”, por su invitación a mantener la perspectiva espiritual en un mundo “un poco alocado”. Marc Coine, residente belga en Tenerife, acudió con su hija, motivado por la fe y el carácter histórico del evento, valorando especialmente los mensajes del Papa sobre la paz y la inmigración.
La emoción se palpó especialmente con la llegada del Papa, acompañada de cánticos y aplausos. Muchos fieles inmortalizaron el momento con sus teléfonos móviles, guardando un recuerdo de esta jornada histórica para Canarias.
Los voluntarios jugaron un papel crucial, cientos de personas dedicaron su tiempo y esfuerzo para asegurar el buen desarrollo del evento. Jacob Rodríguez, uno de ellos, dio la bienvenida a los asistentes con la frase “Agua, gorra y alegría”, ayudando a encontrar sus asientos para presenciar el momento soñado.
Entre las curiosidades de la jornada, banderas del Vaticano compartieron espacio con símbolos religiosos y camisetas de ONG vinculadas a la acogida de migrantes. Al finalizar la misa, quedaron atrás horas de emoción, encuentros y vivencias personales, historias anónimas que contribuyeron a hacer de la visita del papa León XIV un recuerdo imborrable para muchos canarios.




