La tendencia a la baja en el sector del comercio minorista en Canarias es alarmante, con una media de 200 tiendas 'de toda la vida' que cierran anualmente. Estos pequeños negocios, que han abastecido a familias canarias durante generaciones, enfrentan un declive significativo. La cifra total de 4.185 establecimientos que han bajado la persiana en los últimos veinte años evidencia la magnitud del problema.
Diversos factores contribuyen a esta 'sangría comercial'. Entre ellos se encuentran los cambios en los hábitos de consumo, el imparable crecimiento del comercio electrónico, la falta de relevo generacional y la baja rentabilidad inherente a muchos de estos negocios. A estas causas se suman los continuos sobrecostes operativos, como alquileres, salarios y facturas de suministros, que merman la viabilidad económica de las empresas. La reciente inestabilidad geopolítica en Oriente Medio ha añadido una nueva capa de presión a través del encarecimiento del transporte.
Esta contracción del tejido comercial en Canarias se alinea con una tendencia nacional, donde el cierre de tiendas en las últimas dos décadas ronda el 20%, con más de 92.000 negocios desaparecidos en toda España. El análisis de datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) revela que en las Islas, la mayor afectación recae sobre los comercios sin empleados, que han disminuido en más de 3.000 desde 2015. Los negocios con uno o dos trabajadores también han sufrido una reducción considerable, sumando casi mil menos. Estas cifras subrayan que los pequeños comercios, a menudo sostenidos por el autoempleo o equipos reducidos, son los más vulnerables frente a la competencia de grandes corporaciones.
Abbas Moujir, presidente de la Federación de Áreas Urbanas de Canarias (Fauca), señala que la crisis impacta directamente en autónomos y microempresas. La competencia del comercio electrónico y los elevados costes de gestión diaria hacen insostenible la continuidad de muchos establecimientos. Además de los costes directos de mercancías y suministros, la gestión de normativas como la protección de datos o la gestión de residuos genera gastos fijos adicionales. Moujir también destaca la menor productividad de las pequeñas tiendas frente a las grandes cadenas, lo que favorece la concentración empresarial y la proliferación de franquicias.
Paradójicamente, la reducción del tejido comercial convive con un crecimiento en la facturación del sector desde la pandemia, con incrementos interanuales ininterrumpidos desde febrero de 2021. El sector en Canarias representa el 3,4% de la facturación nacional, alcanzando los 377 millones de euros en 2025. No obstante, se observa una ralentización reciente. La dependencia del gasto turístico es crucial para el comercio canario, y una disminución en la llegada de visitantes afecta directamente a la actividad. A pesar de un gasto per cápita en textil relativamente bajo, la facturación se mantenía elevada, pero ahora se nota un 'cierto retraimiento del turismo'.
El avance del comercio online ha sido un factor determinante en los últimos años. El cambio de hábitos del consumidor, que opta por adquisiciones a bajo coste por internet, ha perjudicado gravemente al sector. Existe la esperanza de que la tasa impuesta por la Unión Europea a estas operaciones ayude a frenar la compra impulsiva y beneficie al comercio local. Adicionalmente, la guerra en Oriente Medio ha incrementado los costes de transporte y fletes, repercutiendo en el precio final de los productos, una carga especialmente pesada para las microempresas canarias, que ya enfrentan sobrecostes logísticos por su lejanía.
La falta de relevo generacional es otro obstáculo significativo. Muchos comerciantes, especialmente autónomos, no encuentran quién les sustituya al llegar la edad de jubilación. Según Moujir, los negocios tradicionales no resultan atractivos para las nuevas generaciones, que los perciben como 'arcaicos'. Sin embargo, se subraya que tener una tienda propia puede ser una alternativa atractiva para quienes no desean depender de un jefe, especialmente con la transformación digital que mejora la gestión. La captación de clientes ha mutado; las redes sociales son ahora clave para la visibilidad y el marketing, incluso si la compra final se realiza en el establecimiento físico.




