El Aeropuerto de Tenerife Sur se ha convertido en un cuello de botella para las guaguas turísticas, con acumulaciones que superan la media hora en las maniobras de salida de los aparcamientos. Las asociaciones del sector del transporte discrecional atribuyen esta situación directamente a la nueva normativa impuesta por Aena, que consideran improvisada y orientada a la recaudación.
La polémica se centra en la nueva tarifa que el gestor aeroportuario cobra a las guaguas de transporte discrecional por operar en aeropuertos canarios, afectando a los vehículos que trasladan turistas entre terminales y establecimientos. Esta medida entró en vigor el 1 de junio en Tenerife Sur y Lanzarote tras un plazo transitorio ante el rechazo del sector.
El cambio más disruptivo es el nuevo protocolo de estacionamiento: las guaguas ya no pueden esperar dentro del recinto, sino fuera, en una zona habilitada, hasta que el guía avisa de que el grupo está completo. Sin embargo, la zona de recogida solo dispone de unas treinta plazas, insuficientes para las 85 o 90 guaguas que operan en horas punta, según advierte la federación.
Los transportistas denuncian que los primeros viajeros esperan ahora al sol hasta 30 minutos, tiempo que antes pasaban acomodados en la guagua. A esto se suman los controles de pasaporte, que pueden extenderse hasta 120 minutos adicionales en vuelos de fuera de Schengen. Se cuestiona la rigidez del sistema ante la realidad operativa de un aeropuerto.
El sector reclama a Aena la habilitación de bolsas gratuitas proporcionales al volumen de visitantes, la creación de marquesinas con sombra en las zonas de espera y espacios dignos para los conductores, argumentando que la planificación actual solo busca "ganar dinero".




