Cinco años de la ley de eutanasia: el testimonio de una madre en Canarias

Una mujer relata el doloroso pero comprensivo proceso de acompañar a su hijo de 47 años en su decisión de solicitar la ayuda para morir.

Imagen genérica de una persona mirando por la ventana hacia un paisaje canario.
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Imagen genérica de una persona mirando por la ventana hacia un paisaje canario.

Han transcurrido cinco años desde la implementación de la ley de eutanasia, y una residente de Canarias narra la compleja experiencia de acompañar a su hijo de 47 años en su decisión de recibir ayuda para morir.

La elección de acogerse a la eutanasia es una de las decisiones más íntimas y complejas que una persona puede tomar. Detrás de cada solicitud, a menudo se encuentra un largo historial de enfermedades, tratamientos fallidos y conversaciones difíciles dentro de las familias. Sin embargo, también existen madres, padres, parejas e hijos que brindan apoyo a través de la empatía, incluso cuando aceptar la voluntad de un ser querido de no continuar viviendo resulta doloroso.
María Alonso —nombre ficticio para proteger su identidad—, una mujer de 69 años, acompañó a su hijo el pasado verano en el proceso que culminó con la prestación de ayuda para morir en un hospital canario. Hoy, recuerda ese camino con la convicción de haber hecho todo lo posible y de haber estado a su lado hasta el final. "Yo animaba a mi hijo a vivir, pero entendía que él ya no pudiera más", afirma.
Según relata María, su hijo tenía 47 años cuando falleció. Había convivido durante más de dos décadas con la enfermedad de Crohn, una patología que deterioró progresivamente su salud. "Él pasó una etapa complicada y no se cuidaba como debía. No seguía el control necesario, y todo eso tuvo consecuencias", admite la progenitora.
Durante años, el paciente se sometió a diversos tratamientos y cirugías, pero las complicaciones persistieron. El uso prolongado de corticoides provocó un grave deterioro físico, afectando sus huesos y limitando su autonomía de manera progresiva.
Como madre, María mantenía la esperanza de una mejora, pero observó cómo la patología condicionaba cada vez más la vida de su hijo. "Le ofrecieron un tratamiento nuevo, pero él ya no quería probar nada más. Estaba muy cansado, tenía problemas de salud mental y ya era otra persona", cuenta.
Los últimos cinco años, el hijo vivió con ella, siendo la familia su principal apoyo. María lo acompañó a consultas médicas, gestionó tratamientos y asumió gran parte de los cuidados diarios. Sus otros tres hijos también colaboraron, pero el deterioro físico hizo que las tareas cotidianas se volvieran un desafío. El dolor era constante y la pérdida de autonomía, cada vez mayor. "Tenía muchos dolores tanto por el día como por la noche. Tomaba morfina, pero no era suficiente", comenta.
Fue entonces cuando el paciente expresó su deseo de recurrir a la eutanasia. "Fue idea suya. Pedimos cita con su médico de cabecera y le comunicó su decisión. Al cabo de unos días, vinieron a casa distintos profesionales para acompañarnos en el proceso", detalla.

"El equipo se portó muy bien con nosotros y nos llegó a decir, incluso, que si en cualquier momento aparecían dudas, podía comunicarlo sin problema y se anularía todo."

María Alonso
Para María, asumir la decisión fue muy duro, pero comprendía el alcance del sufrimiento de su hijo. Fue testigo de su empeoramiento y entendía perfectamente cómo se sentía. "Mi hijo sentía que la enfermedad le había arrebatado demasiadas cosas. Había perdido independencia, proyectos y buena parte de la vida que deseaba tener. Por eso, se mantuvo firme hasta el final", apostilla.
La solicitud fue aprobada sin grandes demoras, respaldada por numerosos informes médicos que documentaban la situación clínica del paciente. "Fue muy valiente. Era tan grande su deseo, que el día que recibió la inyección fue al hospital con la misma naturalidad que quien va a hacerse una analítica", destaca María con admiración.
Un año después, el duelo persiste, aunque acompañado por la serenidad de saber que estuvo a su lado hasta el final y respetó su voluntad. María conserva fotografías de su hijo, a las que dedica tiempo cada día, hablando de él con emoción, cariño y orgullo. "No lo olvido, y siento que cada día lo quiero más", asevera.
De esta experiencia, extrae un mensaje para otras familias: la importancia de la paciencia y la comprensión. Cuando una persona sufre y no existen alternativas, respetar su decisión de acceder a una muerte digna es otra muestra de amor.
María Dolores Fabelo, trabajadora social y coordinadora de la unidad de Apoyo a la Prestación de Ayuda a Morir de la Gerencia de Servicios Sanitarios de Fuerteventura, explica que el equipo multidisciplinar acompaña a todas las personas implicadas: la persona solicitante, los profesionales y las familias.
El objetivo es que nadie afronte el procedimiento en soledad, garantizando seguridad, información y cercanía. Fabelo señala que el primer contacto suele producirse tras un largo recorrido de enfermedad y reflexión. "Son pacientes que han pasado por muchos calvarios que les han hecho analizar y valorar qué es lo que quieren para su vida", anota.
A pesar de que cada caso es distinto, quienes toman esta determinación a menudo llegan con convicción. "La persona tiene claro lo que quiere hacer, pero no sabe cuál es el procedimiento o cuáles son los siguientes pasos", indica.
El equipo, compuesto por trabajadores sociales, psicólogos y enfermeros, está presente durante y después del procedimiento, ofreciendo apoyo también a los profesionales sanitarios, quienes pueden experimentar un mayor impacto emocional, especialmente en sus primeras intervenciones. "Estamos acostumbrados a curar y a intentar salvar vidas. Por eso, las primeras veces suelen ser más intensas", advierte Fabelo.
Hasta el momento, la unidad ha acompañado seis solicitudes en la isla majorera, de las cuales cuatro llegaron a término. La experiencia acumulada ha llevado a la conclusión compartida de que cada solicitud encierra una historia distinta, pero todas necesitan escucha, amparo y asesoramiento. "Aquí es donde verdaderamente hablamos de atención centrada en la persona", reflexiona la coordinadora.
Más allá de los procedimientos, el trabajo consiste en estar cerca de quienes atraviesan uno de los momentos más trascendentales de su vida. "Estamos hablando de sentimientos, de una persona que se va. Y al final, nos vamos a ir todos", concluye.