La investigación bioarqueológica se ha consolidado como una herramienta fundamental para descifrar el pasado del Archipiélago. A través del análisis de cráneos, dientes y huesos, los expertos pueden determinar aspectos clave como la dieta, las patologías padecidas o las dinámicas de trabajo de los primeros pobladores, alejándose de visiones simplistas sobre su desarrollo técnico y cultural.
Uno de los hallazgos más significativos es la necrópolis de Ayraga, situada en Santa María de Guía, al norte de Gran Canaria. Este yacimiento destaca por su antigüedad, datada entre los siglos V y VI después de Cristo, y por contar con una estructura fortificada inusual que sugiere un control del acceso y la posible celebración de rituales comunitarios.
El análisis dental ha sido especialmente revelador. El desgaste observado en las piezas dentales no responde a una mala alimentación, sino a la presencia de partículas abrasivas procedentes de los molinos de piedra utilizados para procesar el grano. Asimismo, las diferencias en los restos óseos entre islas como Tenerife, La Gomera o Gran Canaria evidencian una adaptación específica al entorno geográfico y una divergencia cultural marcada por el aislamiento insular.
Lejos de la imagen de una sociedad primitiva, los estudios confirman que estas comunidades poseían saberes técnicos avanzados en cestería, talla de piedra y procesado de pieles. La esperanza de vida, aunque condicionada por una alta mortalidad infantil, permitía que muchos individuos alcanzaran edades avanzadas, recibiendo cuidados y atención por parte de su grupo social.




