La moción, impulsada por el área que dirige José Carlos Acha, será sometida a votación en el pleno de este mes, buscando honrar a uno de los narradores más destacados de Canarias. Vázquez-Figueroa, quien prefiere ser descrito como un «contador de historias» más que como un escritor, ha dejado una huella significativa en el panorama literario.
Nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1936, Alberto Vázquez-Figueroa relata con humor su infancia, marcada por la escasez y un giro inesperado a los nueve años cuando se trasladó a África. Allí, en el Protectorado español de Marruecos, desarrolló un profundo afecto por el continente, que más tarde se convertiría en escenario de muchas de sus obras.
“"El viejo Lara se acercó una noche y me dijo, ¿Alberto, cuándo arreglamos esto?... No recuerdo muy bien lo que le dije, pero fue algo así como ¡José Manuel, no me jodas la vida!"
A lo largo de su carrera, Vázquez-Figueroa ha cubierto nueve conflictos bélicos como enviado especial, experiencia que a menudo ha servido de inspiración para sus novelas. Entre sus obras más destacadas se encuentran Ébano, Manaos y Tuareg, muchas de las cuales han sido adaptadas al cine o la televisión.
El escritor, que se considera a sí mismo «un poco golfo y muy mujeriego», ha rechazado en el pasado el Premio Planeta, argumentando que el reconocimiento le restaría libertad creativa. Actualmente, a sus casi 90 años, trabaja en una versión femenina de Robinson Crusoe, manteniendo su espíritu innovador.
“"Ya quisiera yo atarle los cordones de las botas a don Julio Verne"
Sobre Canarias, donde residen sus hijos en Lanzarote, Vázquez-Figueroa expresa preocupación por la especulación urbanística y el impacto del turismo masivo, aunque sigue valorando la calidad de vida en las islas. La propuesta de la Medalla de Oro ahora espera el aval de los políticos en el próximo pleno insular.




