El encuentro del papa León XIV en el muelle de Arguineguín se convirtió en un emotivo momento donde las historias de migrantes y voluntarios se entrelazaron con palabras de fe y esperanza. El Pontífice escuchó de primera mano las experiencias de quienes buscan un futuro mejor y de quienes dedican su labor a ayudarles, en un contexto marcado por la crisis migratoria.
Entre los testimonios compartidos, destacó el de Soda Nesse, quien relató el doloroso viaje de una joven nigeriana víctima de trata de personas. A pesar de las adversidades, incluyendo violencia y separación familiar, la Iglesia ha sido un pilar para su recuperación, infundiéndole esperanza y autoconfianza. Soda expresó la tristeza de saber que muchas mujeres aún sufren situaciones similares, pero reafirmó la necesidad de seguir luchando contra la trata.
El Papa, al escuchar estos relatos, ofreció su bendición y palabras de aliento, enfatizando la importancia de la fe y la lucha por un mundo más justo. "Me dijo que tenemos que tener fe, que hay que luchar", compartió Soda, visiblemente emocionada por el encuentro.
También compartieron su experiencia Eduardo Balsa y Mayra Santana, un matrimonio cubano que llegó a la isla en 2021. Seleccionados para el acto, Eduardo tuvo la oportunidad de un encuentro cercano con el Pontífice. A sus 76 años, Eduardo relató la calidez con la que fueron acogidos en la isla y la profunda emoción de estar ante el Papa, quien se interesó por sus vidas y motivos de migración.
El Papa les regaló un llavero con su imagen, un obsequio que Eduardo guardará como un tesoro para sus descendientes. El mensaje compartido por migrantes y voluntarios resonó con fuerza: una esperanza basada en la igualdad, la acogida y el acompañamiento de cada persona como una historia valiosa.
Voluntarias de Cáritas, como María José Báez y Reyes López, recordaron la dura realidad de quienes pasaron por el muelle, a menudo con recursos limitados, ofreciendo lo poco que tenían: galletas, leche y atención. Destacaron cómo esta experiencia transformó su visión de la esperanza, entendiendo que cada persona que llega no es un problema, sino una historia a abrazar.
María Fernanda López, colombiana y empresaria, también compartió su historia de superación, recibiendo del Papa palabras de paciencia, fe y ganas de seguir adelante. La visita del papa León XIV al muelle de Arguineguín se consolidó como un símbolo de esperanza y un llamado a la acción para abordar la crisis migratoria con dignidad y humanidad.




