La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) ha exigido a la Dirección General de la Guardia Civil que se investigue de forma “inmediata y transparente” la muerte de un agente que participaba en el operativo de evacuación en Tenerife del crucero ‘Mv Hondius’, afectado por un brote de hantavirus. El agente, de 63 años, falleció en acto de servicio a causa de un infarto.
El colectivo reclama que se “depuren responsabilidades” en la cadena de mando que, presuntamente, autorizó la participación de un agente “en reserva y fuera de especialidad”, realizando tareas que no estarían amparadas por la normativa vigente. Según la AUGC, la gestión de los recursos humanos por parte de la institución fue “irresponsable” al emplear al agente en un dispositivo que requería una jornada de más de catorce horas, incluyendo traslados y funciones que no le correspondían, exponiéndolo a materiales “potencialmente contaminados”.
El guardia civil, que ocupaba una vacante en la Plana Mayor de la Comandancia de Tenerife, se encontraba en situación de reserva, lo que implica funciones “tasadas y concretas” y la evitación de “riesgos contra su integridad física”. La integración del agente en el puesto avanzado del operativo del ‘Mv Hondius’ supuso, a juicio del sindicato, su exposición a un esfuerzo físico intenso y a un entorno potencialmente peligroso.
Ante esta situación, la AUGC ha solicitado al Servicio de Prevención de Riesgos Laborales que abra una investigación para determinar la legalidad de la asignación del agente al dispositivo y la posible responsabilidad de la cadena de mando. El sindicato no descarta acudir a la Fiscalía si las conclusiones de la investigación así lo determinan.
La AUGC ha criticado la planificación del dispositivo, señalando que la llegada del buque a Tenerife se conocía con antelación y debería haberse articulado un plan ordenado y respetuoso con la normativa laboral. Además, el sindicato lleva años reclamando que la Guardia Civil reconozca la edad como un factor de riesgo laboral, argumentando que un agente de 63 años no puede ser tratado igual que uno de treinta. Advierten que la muerte del agente “no es un accidente”, sino una “consecuencia previsible” de un modelo que ignora las condiciones de sus agentes y adapta las cargas de servicio a la edad y estado físico.




