Aunque el genio catalán no dejó grandes catedrales en las islas, su huella se encuentra en el pavimento de municipios como Ingenio, en Gran Canaria, y en el paseo de Los Tarajales, en Arona (Tenerife). Estas piezas, conocidas como el panot Gaudí, fueron concebidas originalmente en 1904 y destacan por su diseño geométrico que emula elementos del fondo marino, como estrellas de mar y algas.
La relevancia de este diseño es tal que el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) lo exhibe como un hito del diseño industrial. En Ingenio, las baldosas fueron instaladas en 2001 como parte de un proyecto de mejora urbana en el entorno de la iglesia de la Candelaria, donde todavía se conservan en las reservas oficiales del consistorio.
En Tenerife, la historia de estas piezas estuvo marcada por un rescate ciudadano. En 2019, tras unas obras de remodelación en Los Cristianos que pusieron en peligro el pavimento, una solicitud vecinal permitió que el Servicio de Patrimonio Histórico del Cabildo de Tenerife interviniera para proteger y recuperar gran parte de las losetas, evitando su desaparición definitiva.
La genialidad del mosaico reside en su concepción como puzle: el ojo humano necesita contemplar siete baldosas unidas para descubrir la obra en su total plenitud.




