La gestión del hantavirus expone la polarización política en Canarias

La llegada del virus a las islas ha desatado una ola de desconfianza y alarma, exacerbada por la confrontación entre administraciones y el ruido mediático.

Imagen genérica de un micrófono en un podio, simbolizando un debate político o una rueda de prensa.
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Imagen genérica de un micrófono en un podio, simbolizando un debate político o una rueda de prensa.

La irrupción del hantavirus en Canarias ha puesto de manifiesto la capacidad de la política para contaminar cualquier situación, generando un clima de desconfianza y alarma social que va más allá de la crisis sanitaria.

La reciente llegada del hantavirus a Gran Canaria, tras el aterrizaje de emergencia de un avión con infectados, ha reactivado el miedo colectivo. Este suceso, sumado a la memoria de confinamientos pasados, ha provocado una alarma que, según expertos, ha sido alimentada irresponsablemente por las redes sociales, algunos medios de comunicación y el ámbito político.
Mientras los profesionales sanitarios se ocupan del virus con los protocolos establecidos y la prudencia necesaria, el sistema político y la polarización mediática han demostrado una notable capacidad para desviar el foco. Lo que debería ser una gestión sanitaria se ha transformado en una "infección oportunista" de carácter político, que se propaga con rapidez.

"Aquí no hablamos de un contagio accidental, lo que estamos viendo estos días es una infección oportunista, perfectamente evitable, pero que se propaga con una rapidez pasmosa."

un analista
A pesar de que el virus de los Andes, la cepa de hantavirus que puede transmitirse entre humanos, presenta una tasa de mortalidad elevada en casos graves y carece de tratamiento específico, es un virus conocido con formas de transmisión limitadas. No se trata de un escenario de contagio masivo ni de una amenaza de pandemia, sino de un brote localizado que requiere gestión sanitaria, coordinación internacional y respeto entre administraciones.
Sin embargo, la gestión de la colaboración entre la administración central y Canarias ha sido calificada de prepotente y poco transparente. Este contexto ha propiciado un "teatro preventivo" donde cada actor político interpreta su papel con la mirada puesta más en la opinión pública que en la búsqueda de soluciones efectivas para la crisis.
El miedo, a diferencia del hantavirus, no necesita contacto estrecho para propagarse. Encuentra un ambiente propicio en la incertidumbre, el periodismo irresponsable, los titulares alarmistas, la deslealtad institucional y la incapacidad de los dirigentes para hablar con una voz unificada. La política, en este escenario, parece haber perdido su capacidad de generar anticuerpos, dejando a la sociedad expuesta a la desconfianza y el oportunismo.