La actividad sísmica registrada, de muy baja magnitud y con un máximo de Ml 1,1 en la escala Richter, no presenta indicios de incrementar el riesgo de una erupción volcánica a corto o medio plazo en la isla.
Según Involcan, este episodio se enmarca dentro de la actividad sísmica recurrente que experimenta Tenerife desde junio de 2017. El origen se asocia a un proceso de presurización del sistema volcánico-hidrotermal de la isla, causado por la inyección de fluidos magmáticos.
Este fenómeno ha sido observado de forma repetida desde 2016, respaldado por indicadores geoquímicos y geofísicos. Entre ellos se incluye un incremento sostenido de la emisión difusa de CO₂ en la zona del cráter del Teide y una ligera deformación del terreno detectada desde 2024 en el sector noreste del complejo volcánico Teide–Pico Viejo.
El Instituto Geográfico Nacional (IGN) también reportó la detección de varios pulsos de actividad sísmica de baja frecuencia entre el jueves y el viernes, registrando unos 79 terremotos, principalmente en la zona oeste de Las Cañadas del Teide. El IGN, responsable de la vigilancia volcánica en España, mantiene una red de más de 100 estaciones en la isla.




