Los primos Cabrera, Nicolás, Inocencia y Julia, junto a su prima Icha Cabrera (Teresa), mantienen vivo el recuerdo y el vínculo con La Fortaleza, un caserío cercano a Catalanes en Santa Cruz de Tenerife. Este lugar, al que solo se puede acceder caminando tras un tramo inicial en coche, es el hogar permanente de un único vecino, quien convive con su burra y dos vacas.
Antiguamente poblado por hasta 40 o 50 personas, La Fortaleza carecía de servicios básicos como médico o transporte, y el agua se habilitó hace pocos años. Los hermanos Cabrera Silvera, nacidos en el caserío, recuerdan una infancia feliz a pesar de la "miseria" y el aislamiento, donde la convivencia y el compartir eran fundamentales. Señalan que el gran número de familias y "muchísimos niños" era lo que daba vida al lugar, con viviendas que incluían cuevas y vestigios de sus abuelos.
La principal demanda de los descendientes que aún se aferran a este territorio es la mejora del acceso. "Solo queremos 500 ó 600 metros más de pista para llegar hasta este lomo", explica Icha Cabrera, quien lamenta que la protección del Parque Rural de Anaga dificulte cualquier intervención. Comparten la frustración de que "no te dejan hacer nada", lo que complica la permanencia en la zona.
El caserío, que ofrece vistas panorámicas de El Teide, La Esperanza, Jardina, Santa Cruz y La Laguna, conserva vestigios de su pasado, como la "cuadra de los abuelos" y utensilios agrícolas que parecen sacados de un museo. La familia recuerda los largos trayectos a pie para conseguir víveres o el servicio de panadería a domicilio que existió en su momento.
La esperanza de los primos Cabrera reside en que sus hijos mantengan el vínculo con La Fortaleza, asegurando que el lugar no quede completamente solo cuando ellos ya no puedan realizar el camino a pie. El único vecino permanente es descrito como un "auténtico héroe" en este entorno de "medio de todo y de nada".




