A pesar de no participar directamente en los actos públicos ni aparecer en las retransmisiones, la presencia de las monjas clarisas será fundamental en el momento cumbre de la celebración de la misa que oficiará el Papa el próximo 12 de junio en Tenerife.
Desde el Monasterio de Santa Clara de La Laguna, la comunidad religiosa lleva semanas trabajando en una labor artesanal y silenciosa. Han preparado cerca de 40.000 formas eucarísticas, destinadas a la comunión de los miles de asistentes esperados. La madre abadesa, Sor Pilar Climent, destaca que esta tarea forma parte del carisma de la orden, combinando oración, paciencia y trabajo manual.
La elaboración de las hostias, que se remonta a décadas de suministro a parroquias canarias, comienza con una mezcla de harina y agua. Tras cocerse, las láminas de pan ácimo son revisadas minuciosamente por las hermanas para descartar cualquier imperfección. Para esta ocasión especial, se han optado por formas de cuatro centímetros de diámetro, ligeramente más grandes de lo habitual para facilitar la distribución.
Además de las hostias, las clarisas han confeccionado un mantel de lino, rematado con encajes, que cubrirá el altar papal, siguiendo la tradición litúrgica. También han elaborado un repostero de brocado blanco con galones dorados y el escudo pontificio, que adornará el balcón principal del Obispado de Tenerife.
Sor Belén Prieto, una de las religiosas más activas a sus 83 años, recuerda la inmediata respuesta de la comunidad al encargo: "Sí, todas, sí, sí, sí, con mucho gusto". Las religiosas aseguran que cada pieza que sale del monasterio va acompañada de una plegaria por quienes la recibirán o contemplarán, haciendo de este convento una particular "fábrica de Dios" donde el silencio también trabaja.




