Cada 28 de junio, las Canarias se visten con los colores del arcoíris para conmemorar el Día del Orgullo LGTBIQ+. Las calles se llenan de reivindicación y memoria histórica, transformándose en un escenario de visibilidad necesaria. Sin embargo, tras la celebración, persiste una realidad donde muchas personas del colectivo se sienten desprotegidas por las instituciones y temen mostrar su identidad, un miedo acentuado por el auge de la ultraderecha y la normalización de discursos de odio.
El Orgullo trasciende la fiesta para recordar que los derechos conquistados no son permanentes y requieren una defensa constante. La diversidad, señalan, debe protegerse y ejercerse libremente los 365 días del año. Emma Colao, directora del Observatorio de Derechos Sociales de Canarias, critica el «lavado rosa» institucional, señalando que algunas administraciones que ondean la bandera LGTBI+ financian organizaciones que promueven discursos contrarios.
Colao también cuestiona el modelo de celebración predominante en las islas, que considera excluyente para lesbianas, personas trans, no binarias o racializadas, y lamenta la falta de una protesta crítica que recuerde los orígenes del movimiento. El teléfono 028 de atención frente a la LGTBIfobia registró 1.448 consultas en Canarias entre julio de 2023 y mayo de 2025, situando al Archipiélago como la tercera comunidad autónoma con más atenciones.
“"Cuando se quitan las banderas, y cuando volvemos a la realidad de nuestro día a día, sigue habiendo odio, discriminación, y seguimos sufriendo insultos y agresiones."
Sergio Siverio, portavoz de la asociación Diversas, describe una doble realidad en Canarias: una burbuja festiva y segura frente a un día a día marcado por el odio y la discriminación. No obstante, ve optimismo en el elevado número de denuncias por delitos de odio, interpretándolo como una sociedad más consciente y movilizada que no tolera la injusticia. "Tiene que ser ver, oír, y luchar", defiende.
El crecimiento político de la ultraderecha y la rápida difusión de discursos de odio en redes sociales y medios preocupan especialmente a quienes han dedicado su vida a la lucha por los derechos LGTBIQ+. Fran Barroso, cofundador de Diversas, nacido en 1961, expresa su dolor ante el retroceso en libertades, recordando el final de la dictadura franquista. Señala la crudeza de que personas mayores deban ocultar su identidad al ingresar en residencias.
Montserrat González, presidenta de la asociación Gamá en Gran Canaria, califica la situación actual de «negra», preocupada por las futuras generaciones. A pesar de ello, mantiene la esperanza: "No vamos a volver a lo de antes, no se lo vamos a permitir. Tenemos que seguir luchando para no perder lo que hemos conseguido", subraya.
La inquietud no es exclusiva de las generaciones mayores. Eva Hernández, activista en Diversas, nota una disminución de espacios seguros y un aumento de comentarios discriminatorios, incluso en su entorno. "El odio hace mucho ruido", recalca, señalando las redes sociales como amplificadores de la intolerancia.
Desde la perspectiva de un hombre trans, Álex Manuel, de la asociación Gamá, considera la aprobación de la ley trans un avance significativo, aunque reconoce que su mayor visibilidad ha traído críticas y ataques. Agradece el apoyo institucional educativo, pero insiste en la necesidad de más formación para el personal sanitario: "Una ley que no invierte dinero en formar a los profesionales es papel mojado", afirma.
Una vez finalizado el Orgullo, las voces que han alzado la suya no pueden permitirse el descanso. Los testimonios recogidos, procedentes de diferentes épocas, comparten un objetivo común: la libertad.




