El Sumo Pontífice, León XIV, llegó a la isla este jueves 11 de junio, siendo recibido con gran expectación y las campanas de la Catedral de Santa Ana. El encuentro, que comenzó con un ligero retraso, reunió a aproximadamente 1.500 personas entre el templo y la plaza adyacente, quienes siguieron la celebración a través de pantallas instaladas al exterior.
Tras ser recibido en el atrio por autoridades eclesiásticas y recibir las llaves de Las Palmas de Gran Canaria de manos de la alcaldesa Carolina Darias, el Papa realizó un acto de adoración al Santísimo Sacramento. Posteriormente, el obispo de la Diócesis de Canarias, José Mazuelos, dio la bienvenida al Pontífice, exponiendo los desafíos de la Iglesia en las islas, incluyendo el turismo, la precariedad laboral, la vivienda y la migración.
Durante su intervención, León XIV expresó su alegría por el encuentro, agradeciendo la "cálida bienvenida" y los "testimonios" que reflejan "una Iglesia viva". Se definió como "padre y hermano en la fe" y obispo para los presentes, recordando la importancia de los dones y ministerios para la edificación del cuerpo de Cristo, tal como se mencionó en la lectura de la Carta de San Pablo a los Efesios.
El Pontífice invitó a reflexionar sobre dos actitudes cristianas fundamentales: "abrazar la cruz de Cristo" y "cultivar una espiritualidad eucarística". Comparó la añoranza de los isleños por el mar con la búsqueda de la patria celestial, enfatizando que la cruz es el camino para "atravesar el mar de este mundo". Mencionó como ejemplo al sacerdote diocesano Antonio Vicente González, conocido como "el buen pastor canario".
Asimismo, destacó la "antigua tradición" de la Catedral de la lluvia de pétalos de flores ante el Santísimo Sacramento como símbolo de los bienes espirituales. Instó a la "solidaridad cristiana" y a que "todos sean uno para que el mundo crea", animando a la Iglesia canaria a "remar mar adentro" encomendándose a la Virgen María.
El encuentro concluyó con el canto del Padre Nuestro, la bendición papal y el saludo "baciamano" a una decena de asistentes. Tras la salida del Papa, que saludó a quienes seguían el acto desde el exterior, se dirigió al Palacio Episcopal para prepararse para la misa multitudinaria en el Estadio de Gran Canaria.




