La propiedad del terreno ha solicitado el lanzamiento judicial de la conocida como Casa de Mr. Leacock, fijado para el próximo 30 de junio. Ante la falta de una solución concreta para los residentes, el Consistorio de Guía ha instado a la Delegación del Gobierno, el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Gran Canaria a coordinar una respuesta.
El gobierno local subraya que la situación excede la capacidad municipal, priorizando la coordinación interadministrativa para atender a la población vulnerable afectada. Las cifras revelan la magnitud del problema: la Policía Local estima unos 200 ocupantes, aunque solo 79 están empadronados y ocho son usuarios de los servicios sociales municipales. El Ayuntamiento enfatiza la necesidad de activar medidas en seguridad pública, atención social, protección de menores, salud pública y acogida temporal.
Más allá del procedimiento judicial, la situación tiene un impacto humano significativo. Tami, residente desde hace cuatro años con su mujer y sus tres hijos (de 2, 6 y 10 años), relata cómo ha acondicionado el lugar, invirtiendo dinero para hacerlo habitable. Su preocupación es palpable, ya que no concibe el lugar como un refugio temporal, sino como su hogar.
“"¿Dónde vamos nosotros?"
Tami, quien llegó a Gran Canaria hace más de dos décadas, argumenta que la ocupación no fue una elección, sino una necesidad ante la dificultad de acceder a una vivienda asequible. Sus hijos están escolarizados y participan activamente en la vida del municipio, lo que añade incertidumbre a su futuro si el desalojo se ejecuta sin una alternativa.
La mayoría de los residentes son de origen marroquí, incluyendo jóvenes, personas mayores y familias con menores, muchos de ellos asentados desde hace años. Describen una comunidad formada por personas trabajadoras que han echado raíces en el norte de Gran Canaria, forzadas a esta situación por un mercado de alquiler inaccesible. Distinguen entre la parte baja del asentamiento, donde conviven familias de forma tranquila, y otras zonas más conflictivas.
La Casa de Mr. Leacock, además, posee un valor patrimonial e histórico vinculado a la actividad agroindustrial de David J. Leacock. El edificio y su entorno, deteriorados por el abandono y la ocupación, han sido objeto de reclamaciones por parte de colectivos patrimoniales para proteger su antiguo rótulo.
Hasta el 30 de junio, Guía se enfrenta al desafío de gestionar este desalojo sin causar un daño mayor a familias que ya se encuentran en una situación límite, buscando una respuesta a la pregunta de Tami sobre su futuro y el de su familia.




