Un personaje de la serie Euphoria plantea una idea inquietante: la verdad posee diversas versiones, pero todos somos conscientes cuando se incurre en la mentira. Esta afirmación invita a una profunda reflexión, especialmente para quienes se dedican a la creación de contenido periodístico y para quienes lo consumen.
La primera parte de esta premisa resulta reconfortante. Es fácil aceptar que la realidad se presenta fragmentada y que cada individuo la reconstruye utilizando la información disponible, sus propios prejuicios, intereses y afectos. En este sentido, la labor del periodista se asemeja a la de un editor de secuencias, seleccionando planos, ajustando la perspectiva y definiendo el inicio y el fin de una narrativa. Este proceso no implica necesariamente falsedad, sino que forma parte del quehacer profesional.
Sin embargo, la segunda parte de la idea introduce una fisura. Ya no se trata de distintas versiones, sino de la mentira, que a diferencia de la interpretación, no es una técnica, sino un acto de índole moral. Este gesto, casi imperceptible, se materializa en el momento exacto en que se sabe, o se intuye, que se está distorsionando la realidad. Algunos profesionales de la información describen este instante con una sensación de incomodidad física, una resistencia en la frase que no encaja o una palabra que debería ser modificada, pero que se mantiene inalterada. El lector recibe un texto pulcro y coherente, pero en su interior algo resuena de forma discordante.
“"La verdad tiene muchas versiones, pero todos sabemos cuándo mentimos."
De esta manera, tanto el lector como el espectador de los informativos participan en este juego, ya que a menudo reconocen, de forma difusa, cuándo algo no cuadra, pero deciden ignorarlo. Una noticia excesivamente perfecta, un titular que parece conocer la conclusión de antemano o una unanimidad sospechosa, son señales que, aunque no se puedan demostrar, se perciben, como un objeto fuera de lugar. Quizás el periodismo resida en la habilidad de gestionar diversas versiones sin pasar por alto el punto en que una versión se transforma en otra cosa. Y tal vez la ética no se relacione tanto con grandes principios como con la capacidad de atender a esa señal interna que advierte que se está cruzando un límite. Lo verdaderamente preocupante no es la multiplicidad de caras de la verdad, sino que la mentira solo tiene una, y es reconocible tanto para quien decide escribirla como para quien opta por aceptarla.




