Los mariantes: guardianes de la tradición pesquera en Fuerteventura

Un coloquio en Ajuy revive la ancestral práctica de los mariantes, esenciales para la subsistencia y el cuidado del mar.

Barcos de pesca tradicionales en una playa rocosa de Fuerteventura.
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Barcos de pesca tradicionales en una playa rocosa de Fuerteventura.

La ancestral tradición de los mariantes, clave para la subsistencia y el cuidado del mar en el norte de Fuerteventura, fue protagonista de un coloquio en Ajuy.

En el pintoresco escenario de Ajuy, municipio de Pájara, se celebró un emotivo coloquio titulado 'Los mariantes: memorias vivas del mar'. Veteranos como León Avero Umpiérrez y Horacio Avero Umpiérrez compartieron sus vivencias y la sabiduría transmitida de generación en generación, respondiendo a la pregunta fundamental: ¿qué significa ser mariante?
Durante casi dos horas, estos guardianes del patrimonio marítimo detallaron las prácticas esenciales: el cuidado de los riscos, las técnicas para secar cangrejos, la interpretación del tiempo a través del sonido de los callaos de la playa y la inquebrantable ley no escrita de la hospitalidad en las estancias, asegurando que nadie durmiera a la intemperie.
Desde hace más de dos décadas, un grupo de mariantes veteranos, liderados por León, Horacio, Juan José Betancort, Andrés y Marcial, revitalizan esta tradición cada 18 de agosto. A ellos se han sumado las nuevas generaciones, hijos y nietos, que aseguran la continuidad de esta práctica etnográfica.
La jornada comenzaba temprano en Ajuy, preparando los burros y cargando las cañas y el gofio en la 'jena', una mochila artesanal de palma. El recorrido los llevaba desde Ajuy hasta la estancia de Agua que se acaba, en la costa de Betancuria, o incluso hasta El Jurado, ascendiendo por El Cantil y siguiendo el camino costero.
El regreso al día siguiente, cargados de pescado y marisco, convertía Ajuy en una fiesta. Sin embargo, la labor del mariante podía extenderse durante semanas, dedicándose a la pesca, marisqueo, secado de pescado al sol, recolección de sal marina y captura de lapas y burgaos.
En el coloquio, se recordó la figura de Pedro Cabrera, otro mariante de toda la vida, cuya sabiduría sobre el terreno era tan profunda que 'te decía cada piedra que podías pisar o no sin caerte', según relató León Avero.
Originalmente, la migración estacional de los mariantes a la costa norte de Fuerteventura se realizaba con las mareas largas de septiembre. Esta época ofrecía más horas de sol para secar el pescado y marisco, cruciales antes de las primeras cosechas del interior y para asegurar el sustento.
La escasez de pan contrastaba con la abundancia de pescado y marisco, que se conservaba para el resto del año. Los burgaos y lapas se guardaban en vinagre, mientras que los cangrejos, asados y secados, se convertían en 'lascas' crujientes, un manjar para añadir a arroces y paellas.
El tollo y las viejas, por su bajo contenido graso, eran los pescados predilectos para el secado y el trueque. La presencia de 'riscos verdes', cubiertos de sebas, era interpretada por los mayores como un presagio de lluvia.
Las formaciones rocosas y el sonido del mar en zonas como Las Salinas servían como un natural 'parte meteorológico', indicando cambios en el tiempo y el estado del mar.
La sostenibilidad era un pilar fundamental. Los mariantes y pescadores profesionales mantenían un profundo respeto por la costa, evitando contaminar los charcos y cuidando la sal, incluso absteniéndose de lavarse las manos sucias de cebo en las aguas de los charcos.
La recolección de sal marina se realizaba preferentemente al amanecer, antes de que el calor hiciera que la sal se adhiriera al fondo de los charcos.
Las 'estancias', chozas comunitarias, eran vitales para el descanso y la protección. Nadie ocupaba una estancia por completo, dejando siempre espacio para otros mariantes, reforzando el carácter solidario y comunitario de esta tradición.