En un emotivo acto celebrado en el puerto de Arguineguín, el Papa Francisco lanzó un severo reproche a Europa: «No se puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Atlántico y el Mediterráneo sean cementerios sin lápidas». Sus palabras resonaron entre las aproximadamente 2.000 personas, en su mayoría migrantes, que se congregaron para recordar y homenajear a quienes protagonizan el fenómeno migratorio.
El Pontífice, considerado un referente moral global, aprovechó su visita para conocer de primera mano las realidades de la migración y para señalar responsabilidades. Entre los asistentes se encontraba el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, quien escuchó atentamente el discurso papal apenas unas horas antes de la entrada en vigor del nuevo pacto migratorio europeo, calificado por algunos como poco solidario.
El Papa Francisco también dirigió sus «deberes» a la propia Iglesia, reclamando que la acogida de migrantes no debe ser una tarea secundaria ni delegada únicamente en voluntarios. Esta firmeza se vio reforzada por los testimonios directos de personas que han vivido la dura travesía, muchos de ellos rescatados en alta mar tras días a la deriva en embarcaciones precarias procedentes de África.
Particulares relatos, como el de una víctima de trata que habló a través de otra migrante por motivos de seguridad, conmovieron a los presentes. También compartieron sus experiencias Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo; María Reyes Alemán, voluntaria de Cáritas; y María Fernanda López, empresaria latinoamericana.
El acto, organizado por Cáritas Diocesana, incluyó una emotiva ofrenda floral al mar en memoria de quienes no lograron llegar a destino. El Papa, visiblemente afectado, arrojó flores al agua mientras sonaba 'Nube de hielo' al timple. Posteriormente, unos 50 jóvenes migrantes repitieron el gesto.
La visita a Arguineguín, primer destino del Papa en Gran Canaria, contó con la presencia de numerosas autoridades, incluyendo al presidente de Canarias, Fernando Clavijo, y la alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, quien entregó al Pontífice un rosario artesanal.
El encuentro, que rindió homenaje a las víctimas de la ruta canaria, la más mortífera del mundo, buscó dar visibilidad a la realidad migratoria a través de imágenes y testimonios, con el mar como telón de fondo, símbolo de peligro y esperanza.
El acto concluyó con la bendición de una cruz hecha con madera de cayuco, colocada junto a una talla de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros.




