La visita del Papa León XIV a España, que incluirá una misa en la madrileña plaza de Cibeles el próximo 7 de junio coincidiendo con la festividad del Corpus Christi, marca un hito en la historia de la presencia papal. Este evento reúne en una sola escena la devoción de distintas épocas: la peregrinación medieval, la liturgia multitudinaria del siglo XX y la difusión digital del siglo XXI.
Durante siglos, el acercamiento al sumo pontífice requería una peregrinación a Roma, centrada en la figura de san Pedro y su tumba. La basílica construida por Constantino en el siglo IV sobre el sepulcro se convirtió en un destino clave para la cristiandad. Los papas de entonces rara vez salían de la ciudad, siendo notable el encuentro de León I Magno con Atila en el año 452, un evento que inspiró la elección del nombre del actual pontífice, evocando la protección del pueblo.
Los viajes papales, como el de Urbano II para predicar la Primera Cruzada en 1095, estaban orientados al gobierno y la movilización de la cristiandad. La devoción, sin embargo, fluía en sentido inverso, con fieles acudiendo a Roma. El primer Jubileo, proclamado por Bonifacio VIII en 1300, atrajo a cientos de miles de peregrinos con la promesa de perdón, aunque el papa seguía siendo una figura distante para la mayoría.
El siglo XIX intensificó la veneración. Tras la invasión de Roma en 1870, Pío IX se recluyó en el Vaticano, declarándose "prisionero". Paralelamente, el Concilio Vaticano I proclamó la infalibilidad pontificia, concentrando la autoridad espiritual. La prensa católica y las estampas popularizaron su imagen. Su sucesor, León XIII, sentó las bases de la doctrina social de la Iglesia con la encíclica Rerum novarum (1891).
La voz del papa traspasó fronteras con la inauguración de Radio Vaticano por Pío XI en 1931, gracias a la tecnología de Guglielmo Marconi. Pío XII amplió este alcance con mensajes radiofónicos de alcance mundial y fue el primer papa en aparecer en televisión en 1949.
El paso definitivo lo dio Pablo VI, quien en 1964 realizó el primer viaje internacional de un papa en avión a Tierra Santa. Continuó visitando los cinco continentes, ganándose el apodo de "papa peregrino". Juan Pablo II elevó esta práctica a eje de su pontificado, recorriendo millones de kilómetros y congregando multitudes, como en las Jornadas Mundiales de la Juventud, donde misas llegaron a reunir a varios millones de personas.
La comparación del papa con una "estrella de rock espiritual", acuñada por críticos como Terry Eagleton, describe la dimensión mediática, aunque omite la profunda tradición milenaria del papado. Tras los estadios, las redes sociales marcaron otra transformación. Benedicto XVI inauguró la cuenta @Pontifex en 2012, convirtiéndose en el primer papa digital.
El papa Francisco continuó esta línea, estrenando cuenta de Instagram en 2016 y alcanzando un millón de seguidores en horas. Su relación con los fieles se volvió cotidiana a través de smartphones, apareciendo en noticias, vídeos y memes. En 2020, sus mensajes alcanzaron 27.000 millones de vistas, y su bendición Urbi et Orbi en plena crisis sanitaria, retransmitida globalmente, unió a millones a través de las pantallas.
León XIV hereda esta faceta de papa de la era tecnológica. Su elección en 2025 fue la primera de la era de TikTok, y su debut en Instagram repitió el fenómeno de Francisco, superando el millón de seguidores rápidamente. Actualmente, las cuentas pontificias suman decenas de millones de seguidores.
La historia de la devoción papal es la historia de sus formas de hacerse presente. La misa de León XIV en Cibeles encapsula esta evolución, demostrando que, aunque el medio, el lenguaje y la forma hayan cambiado, el impulso fundamental de ver de cerca al sucesor de Pedro permanece intacto.




