Desde 2009, este fotógrafo, conocido en el ámbito deportivo como Amigos sureños, ha sido una figura constante en el fútbol base de la comarca sureña de Tenerife. Su trayectoria comenzó en el campo Clementina Bello de Buzanada, donde empezó a fotografiar a su hijo y, posteriormente, al resto del equipo.
La reacción positiva de los padres al recibir las fotografías de sus hijos fue un impulso clave para que se adentrara de lleno en este mundo. Con el tiempo, estableció contacto con árbitros y entrenadores, lo que le permitió acceder más fácilmente a los terrenos de juego y cubrir un sinfín de partidos por toda la isla.
“"Ciertamente, cada día me gusta más ir a los campos."
A lo largo de estos años, ha sido testigo del crecimiento de muchos jugadores, desde sus primeros pasos en el fútbol infantil hasta alcanzar categorías superiores. Entre los talentos que ha visto evolucionar, recuerda a un portero del Guargacho que actualmente juega en Las Zocas, en Preferente, y a un central que comenzó en la Escuela de Fútbol de Adeje y que hoy forma parte de la UD Las Palmas, habiendo debutado en la primera división del fútbol español.
Uno de los momentos más emotivos de su carrera fue cuando su propio hijo debutó como árbitro, un evento que inmortalizó con especial cariño. Su objetivo va más allá de capturar una jugada; busca crear recuerdos duraderos para las personas que aparecen en sus reportajes.
Sus fotografías adornan canilleras personalizadas, paredes de hogares, camisetas y tartas de cumpleaños. La gratificación más grande, según confiesa, es escuchar a los padres agradecerle por las imágenes de sus hijos, que guardan como un tesoro. Durante la pandemia, la difusión de sus fotos en redes sociales por parte de las familias le hizo comprender la verdadera dimensión de su trabajo, un legado que documenta los inicios de niños y niñas en el mundo del fútbol en Tenerife.




