A sus 50 años, María del Carmen Luis, residente en Tenerife, recibió un diagnóstico de párkinson que, según sus propias palabras, ha convertido la enfermedad en un “okupa” en su vida. Esta condición ha impactado significativamente su trayectoria profesional, sus actividades diarias y sus aspiraciones futuras, llevándola a una profunda reflexión sobre el tiempo y la salud.
“"Cuando cumplí los 50 no sabía lo que me estaba por llegar y por eso publiqué, con toda la ilusión del mundo, una foto con mi tarta dándole la bienvenida al medio siglo."
En su carta, María del Carmen detalla los meses previos al diagnóstico, cuando una serie de síntomas, inicialmente atribuidos a otras causas, comenzaron a cobrar sentido. Desde despistes y tristeza hasta temblores y cansancio extremo, todos eran señales de la enfermedad que ya se manifestaba en su cuerpo. La tinerfeña describe el párkinson como un “okupa” que ha estado intentando apoderarse de su cuerpo y mente.
Con la enfermedad como compañera inesperada, María del Carmen se ha visto obligada a reevaluar sus prioridades. Ha decidido “acelerar” todos sus sueños de futuro, consciente de que la salud, la fuerza, el ánimo y la memoria podrían escasear con el tiempo. Esta nueva perspectiva la impulsa a vivir con mayor intensidad y a no posponer sus metas.
El diagnóstico también planteó un dilema laboral para Luis, quien trabajaba en un comedor escolar. Por temor a las consecuencias, intentó ocultar su enfermedad durante dos años. Sin embargo, la progresión de los síntomas hizo imposible mantenerlo en secreto, llegando al punto de afectar su desempeño. Fue un compañero quien, al ver su tatuaje de un tulipán rojo (símbolo del párkinson), comprendió su situación.
Aunque el párkinson se asocia comúnmente a edades avanzadas, María del Carmen no es un caso aislado. La entidad Párkinson Tenerife señala que cada vez más personas reciben el diagnóstico en plena etapa laboral o con responsabilidades familiares. La propia Luis descubrió su condición tras asistir a un foro sobre la enfermedad, donde reconoció muchos de los síntomas en sí misma. Su médico confirmó que la enfermedad se había iniciado a los 39 años.
Tras dejar su empleo por responsabilidad, María del Carmen encontró apoyo en Párkinson Tenerife. Allí descubrió que no era una “especie rara” y que muchos otros jóvenes compartían su situación. La asociación le ha proporcionado fisioterapia, logopedia y talleres que la ayudan a frenar el avance de la enfermedad. Además, ha encontrado en la escritura una pasión que no solo le permite mantener la movilidad, sino también procesar sus emociones y recordar los síntomas.
La necesidad de actividad física para mantener la coordinación y el equilibrio la llevó a unirse a una comparsa, que ahora es su pasatiempo favorito. Compartir experiencias con otros jóvenes en la asociación le ha permitido superar el estigma y la soledad. Juntos, han aprendido una valiosa lección: “Tenemos que adelantar todo lo que queremos hacer porque quizás mañana sea tarde”.




