La realidad cotidiana en este enclave del Macizo de Anaga dista de las cifras censales. Según fuentes vecinales, el número de residentes estables es significativamente menor, evidenciado por la baja escolarización en el centro educativo local, que apenas cuenta con una decena de alumnos. La migración hacia la capital por motivos laborales y la búsqueda de mayor comodidad urbana son los principales factores que explican este declive demográfico.
Para frenar esta tendencia, desde la asociación de vecinos se propone la rehabilitación de viviendas abandonadas para destinarlas a alquiler social. Esta medida busca facilitar el acceso a la vivienda a los jóvenes, quienes actualmente encuentran barreras económicas y burocráticas insalvables para establecerse en la zona. La falta de relevo generacional también afecta gravemente a la agricultura, una actividad tradicional que hoy se califica de heroica debido a la orografía del terreno y la escasez de apoyos.
El transporte público y la atención sanitaria son otras de las grandes carencias señaladas. Los residentes denuncian que los horarios de las guaguas son insuficientes para cubrir las necesidades de una población que depende de la conexión con Santa Cruz de Tenerife para servicios básicos. Asimismo, la burocracia derivada de la protección del Parque Rural de Anaga y la Reserva de la Biosfera es percibida por muchos como un obstáculo adicional para el desarrollo de actividades tradicionales.




