Daniel Comín, junto a su madre Delfina Pérez, ha dado vida a 'El Patrón Perfecto', un libro que recoge los dibujos que el autor realizaba en su infancia, antes de poder expresarse verbalmente con fluidez. Estos trazos, que para muchos carecían de significado, fueron atesorados por su madre y ahora constituyen la primera voz de su hijo.
La obra permite al lector adentrarse en la experiencia de crecer con TEA. Comín recibió el diagnóstico a los dos años y no habló con fluidez hasta los doce. El libro, que incluye informes de profesionales que acompañaron al joven, ha servido para que madre e hijo reconstruyan juntos los primeros años de una vida que entonces no podía ser contada con palabras.
La inspiración para 'El Patrón Perfecto' surgió tras una visita a una exposición de arte. Comín se sintió identificado con el taller de dibujo de la muestra, lo que le motivó a revisar los dibujos que conservaba su madre. La idea de que esos 'garabatos', marcados por un patrón, podían dar lugar a un libro se materializó entonces.
A pesar del vértigo inicial al revelar una parte tan íntima de su vida, Comín decidió hacerlo con el objetivo de ayudar a otros. Señala que, con los apoyos y herramientas adecuadas desde la infancia, un niño diagnosticado con TEA puede alcanzar sus metas, como él mismo ha hecho al escribir este libro de 24 capítulos y 188 páginas que recorre su evolución.
La publicación estructura su mundo interior en cinco bloques: la infancia previa al habla, la percepción del entorno, el proceso de adaptación, la evolución de la conciencia y la comprensión actual del mundo. El formato del libro refleja el procesamiento gestáltico del lenguaje de Comín, con párrafos breves que inicialmente pueden recordar a un poemario.
Los dibujos reflejan anécdotas cotidianas, como la percepción del ruido, que Comín describía como algo que le atravesaba el cuerpo y que dibujaba para ordenarlo y "atraparlo en el papel". Otros trazos documentan el intercambio de perspectivas con su madre y etapas vitales complejas. El proceso creativo, que incluyó la limpieza digital de los dibujos y la escritura, ha permitido a Comín comprender mejor su propia historia y la de su madre.
La obra arranca con la frase: "Trátelo con cuidado, es mi voz antes de las palabras", una advertencia que invita a descubrir no solo dibujos, sino también los doce años de vida que madre e hijo han recuperado juntos.




