El acoso escolar, un problema social que preocupa a la ciudadanía, parece haberse agudizado en los últimos años, en parte debido al auge de los dispositivos móviles y el consiguiente ciberacoso. Ante esta realidad, un curso dirigido por Celia Morales Rando, del Departamento de Didácticas Específicas de la Universidad de La Laguna, en la Universidad de Verano de Adeje, busca capacitar al profesorado con indicadores para detectar estas situaciones. Morales Rando subraya la importancia de la actualización docente, ya que el perfil del acosador, del acosado y las metodologías han cambiado.
Durante la primera sesión, se ofrecieron recomendaciones prácticas para que el cuerpo docente pueda apreciar los primeros indicios de acoso en el aula, el recreo o incluso en el hogar. Un indicador clave es la observación de cambios conductuales en el alumnado, como pasar de ser alegre y participativo a mostrarse triste o enfadado sin motivo aparente.
La experta enfatiza la necesidad de atajar el problema de forma temprana para evitar consecuencias graves a largo plazo, como depresión, ansiedad, trastornos alimenticios o pensamientos suicidas. Asimismo, resalta la importancia de mantener una comunicación fluida con los menores afectados, advirtiendo sobre el riesgo de desestimar sus problemas como "cosas de críos", lo que puede llevar al menor a aislarse y a no buscar ayuda.
Se distingue el acoso de las discusiones o peleas habituales entre niños, ya que el acoso se caracteriza por su perpetuación en el tiempo y una clara diferencia de poder entre el agresor y la víctima. El agresor ejerce su poder sobre otro niño que se encuentra en una situación de indefensión.
El curso ha incluido la práctica de dos técnicas para trabajar el acoso escolar: el sociograma y el relato. El sociograma, un método psicológico surgido en los años 30, utiliza cuestionarios para que el alumnado caracterice al grupo según su percepción, permitiendo obtener una perspectiva visual de las relaciones, líderes y roles dentro del aula. El relato, a través de la escritura, se presenta como una herramienta idónea para que niños que no son conscientes de ser acosados o que no se animan a contarlo verbalmente puedan expresar sus experiencias.
Una vez detectado el acoso, el profesorado puede aplicar el protocolo diseñado por la Consejería de Educación. No obstante, la experta recomienda estar atento a los primeros indicios para evitar que la situación se consolide. Se proponen tareas para realizar en clase ordinaria, y en caso de no lograr una solución, se subraya la necesidad de intervención multinivel, implicando a todos los agentes relacionados, incluyendo la consejería y los servicios especializados.
En el curso también han participado Rebeca Villarroel, del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, quien profundizó en los indicadores en el entorno familiar y el ciberbullying. La grabación de una intervención de Javier Batista Espinosa, también del Departamento de Psicología Evolutiva, sobre el ciberacoso, cuyos casos se han duplicado, está disponible en el aula virtual.




