El Refugio Altavista, el albergue de montaña más alto de España, ha sido objeto de una reforma integral que prioriza la salud, la luminosidad y la sostenibilidad. Una de las novedades más destacadas es la incorporación de un nuevo sistema de ventilación cruzada y extracción de aire. Este sistema busca renovar continuamente el ambiente interior y mitigar la acumulación de dióxido de carbono, que anteriormente provocaba malestar entre los visitantes, a menudo confundido con el mal de altura.
Tras seis años cerrado, el refugio, ubicado a 3.260 metros de altitud, renace como un espacio más diáfano y saludable. La reforma incluye una nueva enfermería equipada para emergencias. Las ventanas, ahora sin rejas, permiten una mayor entrada de luz natural, y la eliminación de varias paredes ha creado una amplia estancia principal que combina recibidor y zona de descanso. La segunda planta, accesible por dos escaleras, cuenta con una decena de camas.
La capacidad del refugio se ha reducido a 49 personas para "mejorar la calidad de la estancia". Se han añadido cortinas en las camas para mayor privacidad, cada una equipada con un puerto USB. Los baños se han reubicado y el comedor permanece en su ubicación original. Las antiguas cuadras se han transformado en una habitación adicional con dos aseos, conservando la chimenea como único elemento de la infraestructura anterior.
La sostenibilidad ha sido un eje central en la renovación, integrando placas solares, una red de saneamiento y depuración, y un avanzado aislamiento térmico, estableciendo un nuevo modelo de alojamiento en alta montaña.
A partir del próximo lunes, el refugio iniciará su actividad bajo la supervisión de siete guardas. Estará abierto las 24 horas, excepto el 24 y 31 de diciembre, ofreciendo alojamiento a 29 euros para residentes en Tenerife, 71 euros para no residentes y 56,8 euros para montañeros federados no residentes.
Antonio Rodríguez, quien estuvo al cargo de la instalación durante más de 20 años, definió la nueva cara del refugio como "un hotel de cinco estrellas" y recordó momentos tanto de soledad placentera como de angustia vividos en la altitud.




